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Breves anotaciones sobre películas del género sci-fi.
Farenheit 451 (1966)
Esta adaptación de la novela homónima de Ray Bradbury fue la primera y única película de François Truffaut rodada en inglés, y también uno de sus proyectos más curiosos. Muy a menudo se dice que la resonancia artificial y cruda de los diálogos tiene que ver con la natural degeneración del lenguaje en una sociedad que ha prohibida la literatura, sin embargo la explicación de este hecho es mucho menos artística; en realidad el guión fue escrito a toda prisa por Truffaut y su co-guionista Jean-Louis Richard, quienes no tenían mucha idea de inglés y ni siquiera se preocuparon mucho por conseguir un traductor. Al parecer el director quedó más satisfecho con el resultado del doblaje francés, el cual supervisó personalmente.
Lo cierto es que, al igual que gran parte de la narrativa futurista, Farenheit 451 termina diciendo más sobre la época en la que fue filmada que sobre el supuesto futuro, ya que la visión de esa distopía de corte estatista en la que incluso la industria del entretenimiento no es más que una prolongación del aparato gubernamental es más coherente con los temores de expansión soviética que predominaban durante la Guerra Fría. Una versión actual de esta película, sin embargo, destacaría el papel del corporativismo y de los medios como un poder en sí mismo. En ese sentido, la cinta ha quedado desactualizada. Sin embargo, aquellos espectadores que consigan pasar por alto este hecho (así como unos efectos especiales un tanto risibles) encontrarán en la película de Truffaut grandes aciertos estéticos muy acordes con el tono de la película (como esos títulos hablados) y, sobre todo, con el espíritu distópico que Bradbury quiso imprimir en su obra.
Ultimátum a la Tierra (The Day The Earth Stood Still, 1951)
Entre todos los clásicos de ciencia-ficción de la Guerra Fría, Ultimátum a la Tierra es uno de los que más merecido tiene su puesto. Contrariamente a la mayoría de sus congéneres de los cincuenta, esta cinta de Robert Wise se aleja de los lugares comunes asociados por lo general a las películas de extraterrestres para construir una alegoría antibelicista muy clara y atrevida para la época. Probablemente sea eso lo que la ha ayudado a permanecer en el imaginario colectivo como una obra destacable tras más de medio siglo de su estreno.
Se habla muy a menudo del subtexto mesiánico de la historia, pero poco por desgracia de la ambigüedad moral de una película que erróneamente es calificada de pacifista. Los paralelismos con la figura de Jesucristo que vemos en el personaje del extraterrestre Klaatu no se limitan únicamente a su mensaje, muerte y resurrección, sino también a la clara advertencia de que, cuando regrese, lo hará sembrando la muerte. De hecho, la escena final, en la que el alienígena ofrece su mensaje al mundo entero con la imponente figura del robot Gort a sus espaldas, nos hace ver con claridad cual de los dos es el amo: para Klaatu la única forma de alcanzar la paz es borrar de un plumazo las rivalidades internas por medio de la adhesión de la Tierra a una Federación de corte absolutista regida por un estado policial cuya autoridad no puede ser revocada. Tan clara apología del totalitarismo (que, curiosamente, queda mucho más evidenciada en su título en castellano) pasó desapercibida, sin embargo, por la contracultura de la época, que encumbró la película debido a su osadía al mostrar al gobierno de los Estados Unidos como el villano de la historia.
Nada de esto, sin embargo, perjudica los grandes aciertos formales de Robert Wise en lo que sería una de las piezas de ciencia-ficción más influyentes del cine americano, y que todavía hoy, a pesar de su reciente remake, continúa siendo un clásico indiscutible.
2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968)
Película rompedora en todo sentido, 2001: Odisea del espacio es también reverenciada como una de las mejores y más importantes de Stanley Kubrick. Fiel al estilo de su director, se puede clasificar formalmente como una cinta de ciencia-ficción, pero no deja de ser cierto que desafía las convenciones que hasta la fecha había manejado al género. Tampoco se puede dejar de resaltar el hecho de que con esta cinta el sci-fi cinematográfico adquirió dentro de la maquinaria hollywoodense la capacidad de ser tomado en serio como conductor de historias que iban más allá de la etiqueta de cine de evasión (algo en lo que, por cierto, ya llevaba ventaja el cine europeo). 2001… es, por lo tanto, la primera película de ciencia-ficción “respetable” del cine americano.
Decíamos que rompe con lo que se conocía como sci-fi hasta entonces porque 2001… está casi por completo desprovista de espectacularidad, épica o acción, cosa impensable en un género que durante los años cincuenta había reinado en los cines gracias a su plasmación abierta de monstruos, alienígenas o platillos volantes. Importantes son detalles estéticos que, aunque superficialmente puedan parecer nimios, en realidad conforman gran parte de la atmósfera de Kubrick: en el espacio todo es lento, largo y sobretodo insonoro. Con todo y la poderosa música de Strauss, en grandes trozos del metraje no hay sonido alguno, lo que aumenta la sensación de inmensidad y soledad del espacio que logra transmitir la película y que hace que el espectador esté allí con los astronautas en el momento de su contacto con una cultura extraterrestre que nunca se muestra en pantalla. Destacable también es la estrecha relación que existe entre la película y la novela de Arthur C. Clarke, origen y a la vez complemento de la cinta de Kubrick. El libro es mucho menos críptico en sus formas y de hecho contesta varias de las interrogantes de la película. Todo esto no quita, sin embargo, que estemos ante una gran obra que por sí sola se mantiene como uno de los pilares de la ciencia-ficción cinematográfica y una exploración de la conciencia humana a través del contacto con inteligencias espaciales.
La guerra de los mundos (War of the Worlds, 2005)
La nueva versión de La guerra de los mundos, dirigida en esta ocasión por Steven Spielberg, abandona la perspectiva global de la original de Byron Haskins y se centra en la visión de un solo personaje, mostrándonos la invasión alienígena desde una perspectiva “a ras del suelo”, algo por lo general común en gran parte del cine de desastres post 11-S. A nivel de espectacularidad, no resulta tan rompedora como la versión original, aunque la estética de las naves (ahora trípodes como en la novela) está muy bien cuidada, no tanto la de las criaturas. Pero a pesar de que la cinta retoma la perspectiva personal de los hechos narrados que ya veíamos en el libro de H.G. Wells, el mensaje no podía ser más diferente: mientras que la novela despreciaba abiertamente la supuesta superioridad del Hombre en aras de una crítica al imperialismo británico, esta nueva adaptación recalca que la vida humana, en sus facetas más íntimas, es valiosa y merece ser protegida, y lo hace a través de la odisea de un hombre que, lejos de enfrentar a los extraterrestres, simplemente corre para salvar a su familia de la destrucción.
Fiel al estilo del Spielberg de los últimos años, la película tiene secuencias realmente oscuras en cuanto a su percepción de las miserias humanas durante el Apocalipsis. Sorprende la total ausencia de una subtrama romántica y la negativa por parte del director de convertir a su protagonista (Tom Cruise) en un héroe. Asimismo, el componente religioso de la versión de Haskins ha desaparecido, si bien el final es muy similar. Hay también varias secuencias que hacen referencia a la del 53, totalmente integradas a la película y no como meros guiños al espectador. En líneas generales, es una muy buena adaptación de la historia a las sensibilidades y miedos de esta época, y aunque no represente un salto cualitativo tan grande como fue en su momento la original, sí que destaca como un buen ejemplar en lo que a invasiones alienígenas se refiere.
La guerra de los mundos (The War of the Worlds, 1953)
A pesar de que el tema de las invasiones extraterrestres ya había sido tocado varias veces en películas anteriores, esta primera adaptación de la novela de H.G. Wells La guerra de los mundos fue considerada en su momento como la obra definitiva de este subgénero. Presentada en color y con un despliegue de efectos especiales nunca visto entonces, esta película de Byron Haskins aterrorizó al gran público de masas americano con su historia de unos invasores de Marte que deciden acabar con la raza humana. El diseño tanto de las naves como de los alienígenas se aleja un poco del descrito por Wells (principalmente en el hecho de que las naves no son trípodes, sino vehículos similares a mantarrayas que se suspenden el aire), pero poco importa una vez que asistimos a este espectáculo de destrucción.
De hecho, una de las cosas que más impactó en su momento era la naturaleza francamente invencible de los alienígenas. El héroe de la historia se pasa toda la cinta buscando una solución que al final resulta ser inútil dada la inmesurable superioridad tecnológica de los invasores, quienes dan al traste con todos y cada uno de sus esfuerzos y, finalmente, sólo pueden ser derrotados por intervención divina. El desenlace tiene debido a esto un componente religioso bastante considerable (no hay más que ver como en el clímax de la historia los supervivientes se refugian en el único lugar que queda en pie: una iglesia), algo normal en gran parte del cine comercial de los años cincuenta y su pátina conservadora. Esto, sin embargo, no desmerece la película, que todavía hoy sigue siendo reverenciada e imitada como una de las grandes en el tema de las invasiones a gran escala provenientes de otros mundos.
Distrito 9 (District 9, 2009)
A medio camino entre la superproducción y el cine de género indie llega Distrito 9 del surafricano Neill Blomkamp, pupilo de Peter Jackson, que nos trae una historia de unos refugiados alienígenas que no tardan en convertirse en la nueva raza de apestados de la Tierra. La cinta es en realidad una extensión del cortometraje Alive in Joburg, del propio Blomkamp, y quizás por su ambientación (la ciudad surafricana de Johannesburg) y su temática ha sido vista como una metáfora del Apartheid, aunque en realidad esta comparación es sólo superficial y tiene más cosas en común con la cuestión de cómo la discriminación lleva a fenómenos como el del Holocausto. Sin embargo, todo este contenido sociológico está subordinado (de forma muy eficiente) a una gran película de extraterrestres con grandes dosis de acción, cosa que yo personalmente no veía venir.
De hecho la publicidad que nos ha llegado de ella ha sido un poco engañosa; todos los avances, notas de prensa y spots presentaban Distrito 9 como una película más cerebral de lo que finalmente ha resultado ser, amparándola en su supuesta calidad de ciencia-ficción “con mensaje”. El resultado final dista mucho de hacer justicia a tal arrogancia. Para empezar, el recurso estético de falso documental sólo se usa en algunos momentos, siendo todo lo demás una narración en tercera persona convencional. Asimismo, la película tiene mucha acción, sobre todo en su tercio final, y el argumento es algo que hemos visto muchas veces en obras similares del género sci-fi como Enemigo mío (1985), en la que un humano y un alienígena ponen de lado sus diferencias ante un desafío común.
Todo esto sin embargo no deja de ser meramente anecdótico, ya que en casi todos los aspectos la película es impecable; el estilo de narración es interesante al combinar la perspectiva tradicional con material en bruto de entrevistas y cámaras de seguridad, y los efectos especiales te dejan literalmente con la boca abierta, entre otras cosas por su generosa muestra de armas alienígenas, robots y artefactos espaciales. El final es probablemente uno de sus mejores puntos, ya que no sólo es satisfactorio a nivel emocional sino que deja abierta la posibilidad de una secuela que personalmente espero se de.